En todos los ámbitos de la sociedad suceden cosas que reflejan la vulnerabilidad del ser humano. Todos estamos inmersos en un mundo que deja mucho que desear y que se encuentra muy lejos del que pretendemos que sea. El día a día, como si poco lo fuera, muestra (cada vez) más debilidades en nosotros y eso lleva a la ineficiencia. Nuestra ineptitud lleva a las ineficaces soluciones de todos los problemas que conviven con la plebe y, con todo eso, al círculo vicioso de generar otra cuestión que determine más contrariedades, más violencia, más terrorismo, más intolerancia.Las últimas horas nos manifiestan la terrible situación que vive el fútbol. La creciente participación de los “barrabravas” ha dominado los titulares de los diarios, y han determinado que el fútbol deje de ser un deporte para convertirlo en un acontecimiento político. La continua puja por suspenderlo, por restringir el acceso a las canchas de los hinchas (visitantes y locales no socios ni abonados), o por la búsqueda de una sanción poco seria de un dirigente que suspende un partido por amenazas al árbitro, son otro reflejo de la incoherencia en la toma de decisiones que solucionen la cuestión y le encuentren la raíz a la situación.
Paradójicamente, en contracara con la idiotez que reina en el ambiente del fútbol, también en las últimas horas se envió el proyecto de La Nueva Ley de Educación que propone "construir un sistema educativo plural y con contenido, y es el inicio de la Argentina con la inclusión y recuperación social que soñamos", según el Presidente Néstor Kirchner. Sin caer en el facilismo de culpar a nuestro escaso nivel cultural como eje de los conflictos suscitados de nuestro presente, hay que mencionar que, indirectamente, este es un gran primer paso para cambiar las estructuras y comenzar a crear un eficiente medio para poner fin a lo que nos acontece.
La inconciencia logra provocar el “qué me importa”, que se transforma en un “no me importa”. No existe la Ley del Talión. Hay que aceptar el sistema que nos toca vivir. Es difícil someterse a reglas que vengan de la mano de dirigentes que en algún pasado no tan lejano han cometido errores. Pero hay que entender que el compromiso es de vital importancia para el crecimiento eficiente de nuestra sociedad. Hay que tomar el mejor ejemplo, el adecuado, el que sirve para crecer. Hay que tomar la posta apropiada y arrancar desde cero con la convicción de que la solución se va a lograr sólo si cada uno cambia. No vivimos solos.
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